A propósito del día de las Madres
Los días de las Madres provocan un sentimiento agridulce en mi corazón por muchas razones, porque he conocido el gozo y el privilegio de ver crecer una vida en mi vientre y también he conocido el profundo dolor de querer hijos y no poder. Siempre pienso más en aquellas que sufren, que oran, que lloran en silencio mientras le toca felicitar a todas las que tienen lo que ellas tal vez anhelan, en mi instagram he escrito muchos posts refiriéndome a ese tema en particular, porque yo he estado ahí muchas veces.
El duelo de los anhelos
“Anoche lloré hasta que mis ojos se me salieron”, me comentó una amiga mientras conversábamos por chat. Continúo leyendo el pequeño párrafo y seguía “me enteré que una amiga esta embarazada, otra vez”…Me quedé confundida un momento en si estaba llorando de felicidad, o si al igual que yo ha llorado por sentirse derrotada, ya que ella también le ha tocado batallar con las olas violentas de la infertilidad.
Una espera que no desespera
Paciencia. Esta palabra no me causa mucho entusiasmo y siéndote honesta, no le agrada para nada a mi carne. Me gusta la rapidez, no me gustan las filas, las sillas en la sala del médico, tener que esperar que hierva el agua, no, no me gusta; me declaro una persona [muy] impaciente. Sin embargo, en la vida cristiana (y en la vida en sentido general) es de vital importancia la paciencia. Como te dije en la entrada anterior Dios no tiene prisa, y como Él está interesado en que reflejemos Su carácter [paciente] pues nos enseñará a través de Su Espíritu a cultivar este fruto.
Dios no tiene prisa
En esto he estado pensando, y la verdad es que estudiar el Antiguo Testamento en el instituto ha sido un refuerzo constante para mi desesperado corazón en recordar que, Dios no tiene prisa. En saber que, las promesas De Dios son verdad, pero esto no quiere decir que se cumplirán en mi tiempo, cuando yo crea conveniente o cuando yo quiera.
Cuando la depresión toca la puerta - Parte 2
Después de escribir la primera parte de este “artículo/blog” y miré el título me reí durante toda la semana, porque creo que la menor parte de las veces la depresión toca la puerta, muchas veces, la depresión no toca, sino que tumba la puerta a pesar de todo el esfuerzo humano que nosotros hacemos por no permitir su entrada, nos quedamos empujando con todas nuestras fuerzas para que no logre abrir la puerta, y pues, como ha de esperarse, ella gana y entra por la fuerza.
Cuando la depresión toca la puerta - Parte 1
Por un tiempo estamos hablando de infertilidad/esterilidad, y esta situación no es algo llega sola y aislada, muchas veces viene acompañada de visitas temporales como la depresión. Y si, me tocó recibir esta visita no deseada por una temporada de mi vida, donde más que hacerme mal, me hizo bien, porque me empujó anhelar y conocer más al Señor; trataré de contarte un resumen de la historia de un año y medio en algunas palabras.
“Que Pena”
…fue lo que pensé cuando una de mis amigas de la infancia y del colegio me comentó que no podían tener bebés de forma natural, que tendría que hacer tratamiento de reproducción asistida de alta complejidad (fertilización in vitro) para poder concebir.
Cuando el Señor me llama a poner la Fe por obra
No se si a ti te ha pasado, pero a mi en muchas ocasiones me cuesta discernir que Dios quiere en una temporada particular de mi vida.
Me debato en si es tiempo de “estar quieta y conocer que Él es Dios” - Salmo 46:10, o si es tiempo de “Cavar mi zanja” - 2da Reyes 3:16; a continuación te intento explicar un poco de cada contexto.

