Una ruta distinta
Recuerdo mis días cuando vivía en Santo Domingo, República Dominicana mientras hacia mi especialidad hace ya varios años. Si algo era mi hobbie del momento en la capital de mi país, era salir en el carro y creer que iba a llegar a un sitio y pasar horas más perdida que Adán el día de las madres. En esos años el tema GPS no era tan común, apenas se comenzaba a utilizar con frecuencia apps como Waze, pero yo no podía con intentar conducir en una ciudad desconocida y a eso sumarle una app que me dijera dobla a la derecha, eso era demasiado para mi cerebro en proceso de adaptación.
El punto es que ahora viviendo de forma temporal en los Estados Unidos, y ya teniendo un máster en uso de GPS, la historia no es muy distinta, suelo perderme jajajajajaja. Actualmente me encuentro en New York, y si hay una bondad que tiene esta ciudad es que no necesitas un vehículo porque el transporte público te lleva a cualquier esquina de la ciudad; ese máster en manejo de GPS se le puede sumar un doctorado en rutas de tren y buses para poder ir de aquí para allá. Y resulta que aquí es donde quisiera relatarte una historia reciente que me recordó que Dios es quien tiene el control de nuestras vidas aun cuando estas toman una “ruta distinta” a la planeada originalmente.
Nos invitaron, a mi hijo y a mi, a una excursión en un zoológico de la ciudad y si no me conocen planeo la ruta el día antes para saber donde debo ir, a que horas salen las guaguas o trenes y todos esos detalles. Y pues el día de la excursión me voy con Ryo a tomar nuestro respectivo bus. Como comprenderás tenía Google Maps dirigiendo todos mis pasos y confío en esa cuestión ciegamente, tomamos el bus que nos dijo Google y arrancamos para la aventura, la app dijo que como en 40 y tantos minutos estaríamos en el destino. Como mujer precavida (o mejor dicho controladora) voy mirando la ruta del bus porque era la primera vez que visitaba ese zoológico. Todo fue muy bien los primeros 15 minutos, el bus iba recorriendo la linea azul que traza la aplicación y yo tranquila y confiada. El problema surgió cuando el bus comenzó alejarse de la linea azul, la linea marcaba un lado y el bus comenzó a irse por otro; y mientras más avanzábamos más se alejaba el bus del punto donde se supone debíamos llegar. No se que a ustedes les da cuando andan perdidos, pero a mi me provoca un aumento de la peristalsis (para que suene más bonito el término cólicos) y comienzo a sudar como si estuviera encendida la calefacción en vez del aire acondicionado.
No te puedo explicar las 100 preguntas por segundo que mi mente se hacía. Ya mi mente pintó el anuncio en el noticiero de la noche en telemundo: “Noticia de último minuto: mujer perdida con un niño, una patineta y dos mochilas solicita a sus familiares que la vengan a buscar”. Lo grande del caso es que teníamos que llegar a cierta hora al punto de reunión para unirnos al grupo de la excursión, andaba con un pequeño de 3 años en transporte público, una patineta y dos mochilas arriba y no tenía idea de a donde íbamos a parar, todo eso mientras el bus rodaba serenamente y Ryo me preguntaba cada 10 segundos si ya habíamos llegado. Yo me acuerdo mirar a Ryo y decirle, con mis tripas cantando la sinfonía de Bethooven, “mi hijo casi llegamos, tenemos que ejercitar la paciencia”. Y bueno en medio de casi un ataque de pánico traté de dirigir mi mente en una dirección diferente, dije “tal vez esta es una ruta distinta, esperaré para ver si hace la parada donde se supone que debe dejarme y si no, me quedo en la siguiente y busco la manera de regresar a casa”. Y para no seguirte alargando la historia, así fue, al parecer se estaba trabajando en la vía donde comúnmente ese bus hacia su recorrido y tomó una vía alterna, pero hizo las paradas en el lugar que le correspondía. Cuando por fin llegamos a la parada, mis tripas volvieron a su estado normal y mis glándulas sudoríparas también. Luego de eso iba el camino entero riéndome de mi falta de confianza, temor, los planes de emergencia que hice en mi mente y cómo todo esto se relaciona con las maneras “inesperadas” o “fuera del plan” en que Dios decide actuar en nuestra vida.
Vino a mi mente una historia particular, del apóstol Pablo en Hechos 27 y 28, te animo a leerla completa para que puedas entender las comparaciones que haré a continuación. Pero te resaltaré varios puntos que llegaron a mi mente cuando comparaba mi simple travesía con la tempestuosa travesía de Pablo: aunque nuestro camino tome una ruta distinta, el plan de Dios sigue siendo el mismo; y esto me llenó de una paz que sobrepasa todo entendimiento en saber que no importa que tus pasos se alejen de la ruta del GPS que tu has diseñado, Dios es quien tiene el diseño original, que cumple Su plan y Su propósito en nuestras vidas.
1- Nuestra ruta no necesariamente es la ruta de Dios
Como te dije, estoy segura que me hubiera dado un ataque de pánico o ansiedad si seguía permitiendo que mi mente se hiciera 100 preguntas por segundo sobre cómo resolver la situación. Pero decidí parar mis pensamientos de temor, esperar y descansar en el hecho, de que fuera cual fuera el destino, este no se escapaba del plan de Dios porque dependo de Él. Aunque para mi este “cambio de ruta” me tomara por sorpresa o desprevenida a Dios no.
Lo mismo con la historia de Pablo, tal vez el tenía un tiempo determinado para llegar a Roma y ser juzgado, o había pensado que el viaje tomaría solo algunos días o semanas, y duró meses. Pero es increíble ver el obrar de Dios en la vida de Pablo y como Dios estaba cuidando de él a pesar de todo lo que les aconteció. Repito, en nuestra vida nada ocurre como un resultado de que a Dios se le olvidó y las cosas se salieron de control. Él siempre tiene un plan y ¡valla plan! Cuantas vidas fueron bendecidas por esta “ruta no planeada” que el camino de Pablo tomó. Para Pablo pudo ser una ruta distinta, para Dios fue siempre la ruta principal. Esa ruta que Dios “cambia” no es solo para nuestra bendición, trasciende nuestra manera egoísta de vivir y es de bendición a otros que están a nuestro alrededor o que conoceremos en el trayecto.
2- La ruta no siempre será placentera.
No se porque tendemos a pensar que la ruta que Dios traza para nosotros estará llena de flores, arcoíris, paz, alegrías, victorias, fuegos artificiales, BMW’s, cuentas de banco con mas de seis ceros o no sé, ponle tu nombre. Puede que durante el trayecto podamos ver muchas evidencias de Su gracia en forma de bendiciones materiales y rutas cómodas y fáciles, pero mi santo hermano, la manera en la que crecemos en dependencia de Dios es cuando las cosas no salen conforme a nuestro plan. Es ahí donde aprendemos a soltar el control y agarrarnos de Dios completamente, es en medio de una amenaza de “naufragio” cuando nos abandonamos en los brazos de nuestro buen Salvador. No siempre es en lo cómodo, conocido o fácil que aprendemos a vivir por fe, muchas veces es cuando no sabemos que pasará mañana.
Es cuando no tenemos nada que vemos el poder de un Dios proveedor. Es cuando no sabemos cual es el siguiente paso que debemos dar cuando declaramos:
Lámpara es a mis pies su palabra
y lumbrera a mi camino.
- Salmos 119:105
A mi me encantan las rutinas y estar funcionando no necesariamente de forma lujosa, pero si de forma cómoda; pero una y otra vez Dios me enseña que no hay crecimiento en la comodidad, que Él está más interesado en que yo crezca en dependencia de Él que de mi propios planes, esfuerzos y recursos. Pero si algo podemos aprender de esta historia de Pablo, es que no importa las dificultades y contratiempos del camino:
3- Si Dios dijo que llegaremos ¡llegaremos!
Mis santos, que bueno es saberse en la voluntad de Dios. Pablo estaba tranquilo y confiado porque él sabia que estaba haciendo lo que Dios le dijo que hiciera. Lloro cada vez que pienso en esto porque, no importa lo que el mundo pueda decir u opinar sobre nuestras vidas, el encontrarnos haciendo Su voluntad es lo mejor que nos puede pasar, aunque para el mundo sea algo absurdo. Muchas veces podemos cuestionar la voluntad de Dios al ver tantas dificultades y tormentas, que el verlas nos puede llevar a pensar que estamos haciendo lo contrario a la voluntad de Dios, pero mi santo, aunque el barco naufrague llegaremos al lugar que Dios ha determinado para nuestra vida. Él es el capital del barco, no yo; Él conoce el camino y el destino aunque yo apenas vea sombras y nubes.
Quizás esta ruta no haya sido como lo hemos diseñado en Pinterest, quizás los planes que hiciste a principio de este año han tomado un camino diferente; en medio de todas nuestras preguntas y momentos de confusión podemos descansar en el Dios que ya esta del otro lado, en el Dios que ha escrito nuestra historia, en el Dios que permite todo con un propósito que nos supera: hacernos más semejante a Su hijo. Y mira mi santo, si cada vez más se ve Cristo y cada vez menos nosotros, pues bendito los vientos que hacen que nuestro barco naufrague; bendita la ruta que me lleva por un camino distinto al mio; bendita la ola que me estrella contra la roca eterna.
Podemos descansar en Él. Recordemos que aunque para nosotros esto pueda lucir como una “vía alterna” para Dios esa siempre ha sido la vía principal. Como te he dicho antes, Dios es digno de confianza y podemos abandonarnos en los brazos de un Padre que nos ama, que nos cuida y que nos recuerda en Su Palabra:
… el que te cuida no se dormirá.
En efecto, el que cuida a Israel
nunca duerme ni se adormece.
- Salmos 121:3-4
Juntos mientras el camino toma una ruta distinta,
Lariely

