A propósito del día de las Madres

Los días de las Madres provocan un sentimiento agridulce en mi corazón por muchas razones, porque he conocido el gozo y el privilegio de ver crecer una vida en mi vientre y también he conocido el profundo dolor de querer hijos y no poder. Siempre pienso más en aquellas que sufren, que oran, que lloran en silencio mientras le toca felicitar a todas las que tienen lo que ellas tal vez anhelan, en mi instagram he escrito muchos posts refiriéndome a ese tema en particular, porque yo he estado ahí muchas veces.

En estos días he pensado mucho al respecto de la maternidad y lo que la Palabra de Dios tiene para enseñarnos a nosotras, y me llegó a la cabeza la mujer del Antiguo Testamento con la que más me identifico y creo que la que más admiro, Ana. Seguro conoces su historia, Ana fue la Mamá de Samuel; aquel gran profeta que vino a traer palabra de Dios a un pueblo que constantemente volvía a su estado de pecado. Yo casi le pongo el nombre de Samuel a Ryo porque como te digo, me identifico demasiado con la historia de Ana. Pero el punto no es ese, el punto es que leyendo su historia por no se que vez, pude ver algo en su vida que puede traernos perspectiva, esperanza, fortaleza y gozo.

Me atreveré a llamarlo “los estadios Ana”, porque pude observar en su vida como Dios se glorificó en diversas etapas; etapas que consistieron en mucho dolor y mucho gozo y con las que tal vez te puedas identificar tu. Y esto no es con la finalidad de que mires a Ana, te invito a mirar lo mas importante: Quien sostenía a Ana, Quien entretejió un plan superior a ella, Quien permitió todo para Su gloria y el bien de ella. Si quieres profundizar en todos los detalles de su historia, te invito a que puedas leer 1ra de Samuel por lo menos los capítulos 1 y 2.

Estadio 1:El anhelo que clama

Ana fue una de las esposas de Elcana y la otra esposa se llamaba Penina; Penina tenía hijos y Ana cero mata cero. El punto es que en ese tiempo no tener hijos se consideraba una maldición y una afrenta en la sociedad de ese entonces, y no solo eso, para colmo también vivía con una compañera en la casa que constantemente la irritaba y se burlaba de que ella tenia algo que Ana no. Detengamonos aqui un minuto, el punto es que el hecho de no tener hijos cuando se anhelan de por si un dolor constante y profundo, a eso súmale una burla diaria que te recuerda tu “maldición”. Pero sabemos que en el caso de Ana esto no fue maldición, era propósito, un propósito que se llevaría a cabo en el tiempo y bajo los términos de Dios.

En este estadio quizás puedas estar tu, con un corazón de Mamá pero con un vientre vacío; tal vez no tienes a Penina, pero tienes un recordatorio mensual que te notifica de un “no sucedió”. Pero quiero seguirte parafraseando la historia de Ana, para recordarte cual es el lugar correcto para llevar nuestro dolor y encontrar libertad, al lugar que debemos ir para entender que fuimos hechas para algo más que ser Mamás, para ser adoradoras y portadoras de la imagen y el poder de Aquel que puede llenar nuestro corazón y convertirse en nuestro principal y más grande anhelo, nuestro buen Dios.

Ana al parecer por todo este dolor estaba en algo parecido a una depresión, dice la palabra:

“Entonces Elcana su marido le dijo:
«Ana, ¿por qué lloras y no comes?
¿Por qué está triste tu corazón?
¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?»”

1ra Samuel 1:8

Pero en medio de su angustia y su dolor fue al lugar correcto, con su maleta de quebranto, de anhelos y frustraciones, no con caretas ni apariencias de “todo esta bien”. Ella derramó su alma y corazón donde debía, sigamos leyendo:

“...ella, muy angustiada, oraba al Señor y lloraba amargamente.
Entonces hizo voto y dijo: «Oh Señor de los ejércitos,
si te dignas mirar la aflicción de Tu sierva, te acuerdas de mí
y no te olvidas de Tu sierva, sino que das un hijo a Tu sierva,
yo lo dedicaré al Señor por todos los días de su vida
y nunca pasará navaja sobre su cabeza»”

1ra Samuel 1:9

Algo que sigue en los versos siguientes es que Ana “oraba en su corazón”, porque hay veces que el dolor no se puede expresar con palabras, que nuestras bocas no pueden hablar, pero nuestro corazón si, nuestras lagrimas si, por eso siempre he dicho que Dios es experto en entender en lenguaje de nuestras lagrimas, muchas de ellas envuelven un clamor que solo Él puede entender. Y bendito sea el Dios que puede entender el clamor de nuestro interior cuando nuestra voz por dolor no puede salir.

Si este es tu estadio, Dios te ve, Él conoce y a Él le importa tu dolor. Corre a Él con tus cargas y anhelos y permite que el pueda trabajar en tu vida. Ana no cambió de actitud al recibir la respuesta a la oración, Ana cambió de actitud al ir a la presencia de Dios y hallar allí la plenitud que necesitaba, y dijo:

“«Halle su sierva gracia ante sus ojos», le dijo ella.
Entonces la mujer se puso en camino,
comió y ya no estaba triste su semblante”

1ra Samuel 1:18

Estadio 2: El anhelo concedido

“…y el Señor se acordó de ella.
…Y a su debido tiempo…Ana dio a luz un hijo…

Por este niño oraba, y el Señor me ha
concedido la petición que le hice”
1ra Samuel 1: 19-20;27

Todo ocurre conforme al plan de Dios para nosotros, y por más que nos afanemos y estemos ansiosos todo ocurrirá a SU debido tiempo, en el tiempo de Dios. Siempre hago la anécdota de que yo decía que a los treinta años ya tendría que haber dado a luz a mis tres hijos y haber cerrado la fábrica, que ilusa yo, no sabiendo que a los treinta era el tiempo en que mi vientre iniciaría y se abriría para concebir una vida.

En este estadio es donde yo me encuentro, Dios en su inmensa misericordia me concedió el milagro de ser mamá. Y con esto de “estadiar” la vida de Ana, no quiero afirmar que el plan de Dios lucirá como el de Ana o como el mio. No es que mires lo que obtuvo, sino que pongamos nuestra mirada en lo que Dios estaba haciendo; por eso en tu vida las cosas pudiesen lucir diferentes, pero una cosa será constante, verdadera y firme, Dios tiene buenos planes y Dios cumplirá Su propósito en nosotras ya sea que nos conceda tener hijos, como que no lo haga; Él es soberano.

Podemos seguir orando, con un corazón sincero sobre nuestros deseos y anhelos, y conociendo que el Dios que sostiene el universo con Su palabra, donde cada planeta esta orbitando donde debe, ese Dios tiene TODO el poder para que nuestros vientres sean abiertos y poder concebir. Pero como una vez le comenté a una amiga, debemos cerrar esa oración como lo hizo Cristo “pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”, una oración valiente y que muestra nuestro anhelo mayor de agradarlo a Él y hacer Su voluntad.

Estadio 3: El anhelo entregado

Entonces lo llevaré para que se presente delante
del Señor y se quede allí para siempre».

1ra Samuel 1:22

Este estadio no estaba en mi escrito inicial, pero mientras describía el primer estadio también pude ver que al igual que Ana muchas han tenido que entregar sus hijos al Señor. Tal vez no has entregado tu hijo a un sacerdote como Ana hizo con Samuel al entregárselo a Elí para que sirviera al Señor como ella prometió en su oración, tal vez te ha tocado entregar a ese niño en las manos mismas del Señor, tal vez tuviste que entregar un hijo al que nunca tus brazos pudieron cargar o tal vez te ha tocado entregarlo de forma inesperada e involuntaria.

Escribiendo esta parte se me hace difícil hasta tragar porque no me imagino enfrentar una situación como esta. Recuerdo un momento donde la vida de mi hijo estaba en riesgo de muerte por una complicación repentina e inesperada; recuerdo mi desesperación, mi dolor y el constantemente decirle al Señor que si su voluntad era llevarse a Ryo, yo no quería Su voluntad.

Fue uno de esos tiempos donde mis oraciones fueron sinceras, llenas de dolor, pero donde derrame mi corazón y le expuse todo lo que había en el al Señor. Esa fue una semana en la que no dormí y me encontraba en medio de una batalla interna entre Dios y yo, donde cuestionaba todo y donde si te hablo sinceramente queria tomar a mi hijo y salir corriendo lejos de Dios para que si Su voluntad era llevárselo a Su presencia, eso no ocurriera. Repito, que ilusa yo, contender con el Dios de los cielos y querer ayudarle o sugerirle cosas y pretender que yo amo a mi hijo más de lo que lo ama Él. En medio de esa tormenta y mi hijo no mostrar mejoría, recuerdo ir al consultorio de mi esposo y allí haber llorado hasta que mis glándulas lagrimales se atrofiaron y decirle al Señor “me rindo", le dije “Tu formaste a Ryo, Tu eres quien tiene sus días contados, no yo, Tu eres su hacedor, no yo, Ryo te pertenece y no a mi; yo te lo entrego y yo me rindo a tu voluntad”, creo que esa es la oración mas difícil que he hecho en mi vida, pero allí descansé en Su voluntad sea cual fuera y le pedí que nunca flaqueara mi fe, fuera cual fuera el desenlace.

Dios me miró con misericordia otra vez y Ryo mejoró hasta sanar. Pero tal vez tu historia no es como la mia, pero se que si estas leyendo esto es una evidencia de que Dios te ha sostenido en medio de tener que entregar tu anhelo y se que Él te seguirá sosteniendo. Hay veces en que no será nuestro trabajo entender sino depender y creerle a Él, aún en medio de la oscuridad. Dios nos permita glorificarle en medio de los anhelos concedidos y en medio de los anhelos entregados.

Estadio 4: El anhelo multiplicado, más abundante de lo que pedimos o entendemos

Dios es un Dios que no se limita a nuestros anhelos, Él hace lo que quiere en nosotros y en nuestras vidas y Él puede dar mucho más de lo que pedimos o entendemos. Así lo hizo en la vida de Ana, aunque fue estéril, le concedió la dicha de más hijos.

…El Señor visitó a Ana, y ella concibió
y dio a luz tres hijos y dos hijas…”

1ra Samuel 2:21

Si, así es Dios. Ana fue fiel al Señor en entregar a su hijo, y pienso que no debió ser fácil para ella ya que ella cada año le llevaba a Samuel una tunica que ella misma tejía con sus manos como una manera de que Samuel recordara que su mamá lo amaba a pesar de que estuviera lejos. Pero Dios como el Dios que tiene mas que dar que nosotros para pedir no solo le dio un hijo más, le dio cinco, si CINCO, cinco mas Samuel son seis que ¡bendición tan grande!

Así veo yo a los hijos, como una bendición y si muchos, mejor! En un mundo donde queremos tener el control de todo, de cuantos hijos “podemos o debemos” tener y que desprecia el hecho de tener muchos, debemos ver el milagro de los hijos como la Biblia los describe, como algo de alta estima. Y que bienaventurada es la familia que tiene su mesa LLENA de ellos, repito, ¡que bendición!

Yo quiero más hijos ¿los tendré? biológica y humanamente no, asi que no tengo idea; pero sigo diciendole al Señor que no tiene ni que tocar la puerta para visitarme como lo hizo con Ana (jajajajaja), que venga y me visite y me deje un par más para que la parte de atrás del carro este llena. Así que si tu tienes muchos hijos celebra el milagro que Dios te ha dado, celebra esa gracia que ha sobreabundado en tu vida, celebra el Dios que te ha dado herencia y te ha dado varias flechas para lanzar, no lo des por sentado, eso es un milagro, ¿caótico? si, pero no deja de ser un milagro digno de alabanza.

Mis santas, en cualquier estadio en el que nos encontremos recordemos al Dios que nos sostiene. Nuestra identidad no debe basarse en si somos mamás o no, sino en el Dios que nos pensó, nos diseñó y nos ha dado propósito, un propósito más grande que ser madres, mas bien formar parte de la historia de la redención y que Él pensó y nos marcó a mi para formar parte de esta gloriosa historia.

Sin más, feliz día a todas, aun a las que están en el estadio uno, porque estar en ese estadio es tener un corazón de mamá aunque nuestros brazos estén (aun) vacíos. Las del estadio dos disfrutemos la bondad De Dios en nuestras vidas. Las del estadio tres, ante mis ojos ustedes son las más valientes y dignas de admirar. Las del estadio cuatro celebren esa la abundancia con que Dios les ha bendecido. Y en cada uno de los estadios Dios nos permita seguir glorificándole y teniendo nuestra mirada solo en Él, que sin importar el estadio en el que estemos podamos declarar como Ana:

«Mi corazón se regocija en el Señor,
Mi fortaleza en el Señor se exalta;
Mi boca habla sin temor contra mis enemigos,
Por cuanto me regocijo en Tu salvación.
»No hay santo como el Señor;
En verdad, no hay otro fuera de Ti,
Ni hay roca como nuestro Dios.

1ra Samuel 2:1-2

Con amor en Cristo,

Lariely

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