El duelo de los anhelos

“Anoche lloré hasta que mis ojos se me salieron”, me comentó una amiga mientras conversábamos por chat. Continúo leyendo el pequeño párrafo y seguía “me enteré que una amiga esta embarazada, otra vez”…Me quedé confundida un momento en si estaba llorando de felicidad, o si al igual que yo ha llorado por sentirse derrotada, ya que ella también le ha tocado batallar con las olas violentas de la infertilidad.
Luego me atreví a preguntar, ya que tenía la confianza para hacerlo, “¿te puedo preguntar algo?” le dije, “¿lloraste de felicidad o lloraste por dolor?” y su respuesta fue “si existe una palabra mayor que derrotada, así me siento yo; no pude mas, me desplomé”. Mi corazón se arrugó y me identifiqué con ella porque yo he estado ahí mas de las veces que hubiese querido. Y se que muchas otras pueden estar atravesando esta lucha y no encuentran como ponerlo en palabras, se pueden sentir solas al no encontrar quien las entienda y por eso me animé a escribir esta entrada.

A lo largo de mi travesía en la infertilidad, me he dado cuenta que si pueden coexistir el dolor de los anhelos insatisfechos y el gozo por alguien más; no son sentimientos antagónicos, pueden ser sinérgicos. Al principio me sentía culpable al ver que no tenía alegría en mi corazón cuando alguien venía con el anuncio “¡estamos embarazados!”, muchas veces se llegó a sentir como una puñalada en el corazón y no porque no quieres que la otra persona esté disfrutando de ese regalo o porque su felicidad te moleste, es más bien porque te recuerda la imposibilidad de recibir ese regalo que tanto anhelas. Pensaba que mi corazón estaba mal, que tenía alguna raíz de amargura o envidia y tenía miedo de conversarlo con alguien por miedo a sentirme señalada de ser una cristiana con un corazón dañado.

Tenía miedo a exponer a las personas las preguntas con las que luchaba en mi corazón “¿por qué yo no Dios?” sin embargo, en medio de mi dolor pude darme cuenta que los Salmos estan llenos de personas ordinarias como yo que expusieron sus preguntas a Dios, que expresaron sus emociones al Señor, porque como les he comentado antes, Dios no le tiene miedo a nuestras preguntas, ni tampoco le deshonramos o pecamos cuando venimos delante de Él con nuestro cuestionario, es a Él que debemos acudir cuando necesitamos respuesta y consuelo.

Me pregunté muchas veces “¿hasta cuando tengo que esperar Dios? ¿hasta cuando tengo que celebrar a otros mientras mis brazos siguen vacíos?” y luego me di cuenta que David y otros escritores de los Salmos tuvieron mis mismas preguntas (o parecidas), en diferentes contextos o situaciones también, pero el dolor sigue siendo el común denominador, el Salmo 13 es un ejemplo de ello:

Oh Señor, ¿hasta cuándo te olvidarás de mí?
¿Será para siempre?
¿Hasta cuándo mirarás hacia otro lado?
¿Hasta cuándo tendré que luchar con angustia en mi alma,
con tristeza en mi corazón día tras día?

Salmo 13:1-2

Si, asi se llega a sentir, como si Dios te hubiese olvidado. Como si Dios estuviese muy ocupado haciendo feliz a alguien más y respondiendo las oraciones de los demas, mientras ignora tu dolor. Cuestionas si a tus oraciones les hacen falta un poco mas de fe, de poder, de perseverancia, leer más la Biblia, ayunar más o palabras más elocuentes.
Recuerdo una amada amiga una vez decirme “Dios no le tiene miedo a tus preguntas”, de ahí que yo tomara esa frase para mi y siguió “es justamente eso lo que necesitamos llevar a Su presencia, un corazón sincero con oraciones honestas”. No nos funcionan las caretas con Dios, El quiere que vayamos con todo el peso que nos duele porque Él es el único que nos puede ofrecer descanso.

Vengan a Mí, todos los que están cansados
y cargados, y Yo los haré descansar.

Mateo 11:28

Asaf también hizo esta pregunta en el Salmo 80 y algunos Salmos antes expuso sin filtros todo lo que sentía en su corazón (Salmo 73) e hizo una pregunta aún más incómoda:

En verdad, ¿de qué me sirve mantener mi corazón
limpio y mis manos lavadas en la inocencia,
si todo el día me golpean y de mañana me castigan?

Salmo 73:13-14

Sip, también esa la he hecho muchas veces, ha lucido como: ¿de qué me sirve cuidarme tanto? ¿de qué me sirve tanto esfuerzo? y aún alguna pregunta más negra, cuando las olas de la infertilidad me arrojan con violencia hacia la orilla, ¿de qué me ha servido serte fiel? ¿de que me ha servido caminar en santidad?, sé que estas preguntas pudiesen sonar incómodas y hasta pecaminosas cuando alguien comprende pero no entiende el dolor que encierran cada una de ellas, cuando vez que otros sin cuidarse y viviendo una vida apartada de Dios lo logran sin el más mínimo esfuerzo lo que a ti te cuesta dolor y sacrificio; cuando dicen “no lo estábamos buscando” y yo miro hacia arriba y le digo al Señor “¿enserio?”. Hay días en que estás conforme con la voluntad De Dios aunque quisieras que fuese distinta y hay días donde anhelar algo bueno y que Dios en Su soberanía no te lo conceda, duele.

No me mal entiendan, podemos sentir alegría genuina de las oraciones contestadas de otros mientras lloramos por las que aún no son contestadas en nuestra vida. Pero sé que en cada una de mis preguntas el Señor me escucha y me mira con tierno amor, compasión y misericordia, porque nadie mejor que Él conoce el sufrimiento y el sentirse abandonado por un momento. Puedo echar sobre Él toda mi ansiedad, mis preguntas, mis pensamientos poco santos, mi corazón engañoso, mis motivaciones erradas, lo que no entiendo y al dejar todo esto en Su presencia me descargo, recibo descanso y eso provoca que yo me rinda. Que me rinda y reconozca que no puedo controlar el resultado y que debo confiar en Él a pesar de lo que acontezca.

Pero luego rendirme y lamentarme, para lo cual hay lugar en la vida de todo cristiano, soy intencional en recordarme La Verdad. No lo que mis sentimientos engañosos quieren hacerme creer que es verdad, sino lo que Dios ha dicho que es verdad, indistintamente del remolino de emociones que nublan mi perspectiva. Es por ello que debemos correr a la Verdad y como digo yo, tirarnos de clavado hacia la Palabra de Dios, ya que es la única con el poder de disipar todo lo que no viene de Él y establecer en nuestra vida lo que sí es veraz.

También veo ese patrón en David y Asaf, de que luego de exponer sus preguntas y pensamientos al Señor, terminan con declaraciones poderosas, porque también el hecho de llevar nuestras preguntas (o reclamos) al Señor y luego declarar Su fidelidad pueden coexistir, podemos derramar nuestro dolor y a la vez podemos proclamar Su carácter y Su fidelidad:

Pero yo confío en tu amor inagotable;
me alegraré porque me has rescatado.
Cantaré al Señor
porque él es bueno conmigo.

Salmo 13:5

David inicia preguntándole al Señor hasta cuando lo tendrá olvidado y termina declarando su confianza y dependencia en Él, que provoca que aún la situación sea adversa, oscura e incierta el pueda cantar de Su bondad y Su rescate. Osea WOW, amo ver como Dios nos permite experimentar el dolor y a su vez nos permite proclamar Su fidelidad y estar fortalecidos en Su amor, es algo que cautiva mi corazón al saber que Dios no me dejará enredada en mis preguntas o sumergida en mis situaciones, sino que en medio de ellas Él se exaltará y también me levantará a mi.

Asaf por otro lado, luego de exponer sus sentimientos pecaminosos y hacer todas sus preguntas, termina declarando:

¿A quién tengo en el cielo sino a ti?
Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.
Podrán desfallecer mi cuerpo y mi corazón,
pero Dios es la roca de mi corazón;
él es mi herencia eterna.

Salmo 73:25-26

Si, nuestro cuerpo puede desfallecer al enfermarse y no funcionar como debería y nuestro corazón también puede decaer mientras experimenta el dolor, y esto puede verse distinto en cada persona, a mi me ha tocado la infertilidad y la depresión por poner un ejemplo, a ti tal vez algo distinto. Pero lo que quisiera resaltar es que, aún en medio de las olas violentas existe una roca que nos sostiene, y si, las olas nos pueden golpear pero no nos ahogarán. En la tierra nada de lo que podamos alcanzar, incluidos los hijos, podrán dar sentido de plenitud a nuestro existir, por eso Asaf cambió la pregunta al final y dijo ¿a quién tengo en los cielos sino a ti? una pregunta que denota confianza y luego declara, si te tengo a ti ya nada quiero en la tierra. Así de radical es como el Señor transforma nuestros afectos, de anhelar cosas buenas a anhelarlo a Él por encima de los regalos que Él pueda darnos, pero para que eso pase, debemos derramar nuestro corazón sinceramente y completamente en Su presencia.

Hay momentos en que sonreímos mientras lloramos por dentro, y eso no es hipocresía, es ser lo suficientemente valiente en celebrar las victorias de otros mientras haces duelo por tus anhelos. Hay momentos que te toca abrazar a quienes reciben sus regalos mientras Dios es quien te abraza y consuela. Te tocará cargar y celebrar el milagro de otros mientras sigues esperando por el tuyo, y no, no es envidia, es esperanza; de que Dios puede conceder nuestros anhelos má profundos, y aún Dios no los conceda, en Él hemos recibido el mejor regalo, Su hijo, una eternidad junto al amado de nuestra alma y Quien si sacia nuestro corazón para siempre, Quien ha prometido estar con nosotros todos los dias hasta el fin y Quien permite que todo en nuestra vida coopere para bien.

Aun en medio del dolor, podemos confiar en Él y nuestro dolor puede dar como fruto exaltarle a Él. Si lo hizo en David y Asaf (por poner dos ejemplos) también Él es poderoso para transformarnos a ti y a mi.

Con amor en Cristo,

Lariely

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