El arte de maternar: Cuando enseñar comienza en tu propio corazón

No se tú, pero educar e instruir a mi hijo es uno de los privilegios más hermosos y a la vez más desafiantes que enfrento. Esto comprende un reto enorme, por lo menos para mi como mamá. Me doy cuenta que por más que me “preparo y aprendo” y leo libros sobre crianza, más necesito al Señor; y no por el simple hecho de enseñar a mi hijo, es por la necesidad de mi propio corazón de vivir de forma diaria y genuina lo que con frecuencia le enseño y espero de él. Necesito más el carácter de Cristo en mi, su Espíritu guiando mis palabras y acciones y Su Palabra siendo lumbrera en este camino de maternar.

Amo los libros sobre crianza, siempre tengo uno en rotación, suelto uno y agarro el otro, porque los veo como una necesidad para las diferentes etapas y desafíos que se enfrentan. La verdad son herramientas que me ayudan, sus principios, conocimiento y la perspectiva de desarrollo que pueden ofrecer, claro, leyéndolos con discernimiento y aprendiendo a desechar lo malo y reteniendo lo bueno, ¿pero sabes algo? nunca serán suficientes. Porque aunque te pueden brindar herramientas para trabajar la conducta y acciones de tu hijo, no transformarán su corazón; y este es el punto que quiero resaltar.

Cuanto nos sumergimos muchas veces en principios, herramientas, rutinas y consejos de autores e incluso de los gurús de las redes sociales, que cabe destacar no son malos en si mismos, por el contrario pueden llegar a ser muy útiles, pero repito, no son suficientes para dirigir sus almas, y eso para mi es la urgencia en la maternidad. No creas que no anhelo el milagro de un niño bien portado, que tenga la facultad de escuchar y obedecer siempre, de forma inmediata y que tenga una conducta intachable, pero más que eso desde el punto de vista de lo terrenal y eterno, me preocupa la condición de su alma.

Para esto he entendido que no hay libro, taller, educación o lo que tu quieras mencionar que supere el consejo de Dios, Su Palabra. A ella me aferro mientras crío porque creo que es La Verdad: La Verdad que mi hijo necesita, La Verdad que puede hacerlo libre, La Verdad que transforma, La Verdad que puede darle vida eterna y la Verdad que me transforma a mi y me dirige mientras yo lo dirijo a él. ¿Es esto instantáneo? Claro que no, ya quisiera yo que fuera una varita al estilo Harry Potter que trasformara todo con decir “wingardium leviosa” mientras la agito. Pero el sembrar la semilla de la Palabra de Dios es un asunto de fe y perseveracia, sabiendo que aunque no veas ni sepas cual es el resultado, la enseñas y perseveras en ello confiando en lo que ella misma establece:

Dirige a tus hijos por el camino correcto,
  y cuando sean mayores, no lo abandonarán.
- Proverbios 22:6 (NTV)

Famoso verso para la crianza y era el lema del colegio donde estudié toda mi vida. Creo que todo el libro de Proverbios es un buen punto de partida si queremos saber como criar a la manera de Dios, ya que el escritor se refiere al lector como “hijo mío” y esta lleno de sabiduría práctica para dirigir nuestras vidas de forma correcta. Pero es importante destacar que al leer Proverbios tenemos que tener algo en mente, estos son principios de sabiduría y no decretos, promesas o mandatos de Dios, por eso la importancia de saber que tipo de literatura bíblica estamos leyendo, en este caso la literatura sapiencial.

Pero dicho esto, creo que muchas veces sobre-romantizamos, estructuramos y hasta complicamos la crianza y la educación bíblica de nuestros hijos. Nos hacemos un currículum tipo universitario en nuestras cabezas y queremos hacer tanto que terminamos sin hacer nada o por el contrario no consideramos lo suficiente la vitalidad de discipular nuestros hijos. Pensamos que son muy pequeños y que cuando estén “más grandes” y sean capaces de prestar atención comenzaremos a enseñarle la Escritura. Por otro lado pensamos que si no nos miran fijamente a los ojos mientras le enseñamos y no están concentrados como quisieramos, fue un tiempo perdido, no sirvió de nada el texto que le leímos, la historia que le recitamos, o el verso que repetimos a diario para que podamos memorizarlo durante el mes. Cuando me veo tentada a pensar que todo este esfuerzo es en vano, me recuerdo:

Así que la fe viene del oír, y el oír,
por la palabra de Cristo.
- Romanos 10:17

Por lo que el esfuerzo que se requiere de nosotros es que abramos nuestras Biblias y leerla en voz alta. No necesitamos el ambiente perfecto, el escritorio, los libros, los utencilios, las crayolas, los libros de pintura, las flashcards, y todas las cosas que amo; ¿son útiles? si, ¿son necesarios? no. Aún en el medio del caos, la casa desordenada, el que probablemente no hallas tenido tiempo de arreglarte y los pendientes del día, repito, todo lo que tenemos y debemos de hacer es abrir nuestras Biblias frente a ellos y leerla con frecuencia perseverando en ello. No subestimes la capacidad de los niños de retener información aun cuando no estén prestando atención, es impresionante. Desde que vi que mi hijo podía aprenderse una canción (no muy santa) con solo escucharla una vez, me dije, pues también tiene la capacidad para memorizar versos bíblicos si se los repito con frecuencia y aquí andamos peleando la buena batalla de la fe.

Otra cosa que necesito recordar es que los frutos frutos de transformación y cambio que quisiera ver en mi hijo no dependen de mis esfuerzos, aunque estoy segura que Dios los ve, pero todo esto depende de Su poder:

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante
que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la
división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos,
y es poderosa para discernir los pensamientos
y las intenciones del corazón.
- Hebreos 4:12

Por ello es la fuente para dirigir a nuestros hijos, es la enseñanza más eficaz aunque requiera esperar pacientemente ver el fruto, y es viva a difierencia de los libros que leemos, que no tienen poder de Dios para penetrar el corazón y transformarlo. A ella debemos de aferrarnos en nuestra crianza sabiendo que el Señor en Su tiempo desarrollará frutos no para este mundo pasajero, más bien, para la eternidad.
Dejé mi pasaje favorito sobre la dinámica bíblica familiar para ir concluyendo este escrito, porque responde más prácticamente el cómo, cuando y porqué deberíamos enseñar la Palabra en nuestra familia, como luce el orden de esto, en especial mientras discipulamos a nuestros hijos, y esta se encuentra en Deuteronomio 6, leamos un poco:

“ 7…para que temas al Señor tu Dios, guardando todos Sus estatutos y Sus mandamientos que yo te ordeno, tú y tus hijos y tus nietos, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados.

Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 8 Las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. 9 Las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.

20 »Cuando en el futuro tu hijo te pregunte: “¿Qué significan los testimonios y los estatutos y los decretos que el Señor nuestro Dios les ha mandado?”, 21 entonces dirás a tu hijo: “Nosotros éramos esclavos de Faraón en Egipto, y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte. 22 Además, el Señor hizo grandes y temibles señales y maravillas delante de nuestros ojos contra Egipto, contra Faraón y contra toda su casa; 23 y nos sacó de allí para traernos y darnos la tierra que Él había jurado dar a nuestros padres”. 24 Así que el Señor nos mandó que observáramos todos estos estatutos, y que temiéramos siempre al Señor nuestro Dios para nuestro bien y para preservarnos la vida, como hasta hoy. 25 Y habrá justicia para nosotros si cuidamos de observar todos estos mandamientos delante del Señor nuestro Dios, tal como Él nos ha mandado.

No me deja de impresionar esta orden de pasar nuestro conocimiento y testimonios de lo que el Señor ha hecho, esta haciendo y hará en nuestras vidas a nuestros hijos. ¿Te hago una confesión mi sant@herman@? me animé a empezar un blog porque si en algún momento no estoy, o cuando mis hijos crezcan y tengan interés de evaluar mi pasado (como a mi me dió en mi adolescencia con la vida de mis padres) mis hijos sepan lo que estaba en el corazón de su mamá, que tengan un registro en palabras de todo lo que Dios ha hecho en mi vida, porque tiendo a olvidar y no quiero hacerlo, quiero que ellos puedan leer y sepan Quién es el fundamento de la vida de su mami. Que no miren tal vez mi trayectoria profesional, para mi esto es tan vano y perecedero, quiero que valoren como Dios me ha sostenido en medio de los caminos más difíciles de mi vida y que tengan por seguro que no importa lo que a ellos les toque transitar, ese mismo Dios les sostendrá con Su brazo fuerte y mano extendida.

Así que, como siempre te digo mi sant@, no es que lo tenga todo resuelto, pero sigo aferrándome Aquél que si tiene resueltas todas las cosas, sigo dependiendo de Él y descansando sabiendo que indistintamente del fruto de mi hijo, que espero que sea la salvación de su alma, yo seguiré sembrando la semilla sin cansarme, porque:

No nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo,
si no nos cansamos, segaremos.
- Gálatas 6:9 (NTV)

No desmayes mi sant@ herman@, Él ve tus esfuerzos en la crianza y eso es suficiente. No necesitamos que el mundo nos admire y nos celebre, necesitamos ser fieles con nuestros hijos, ya que es un préstamo de Su parte por los cuales tendremos que dar cuenta.

Con amor en Cristo,

Lariely

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