El Dios que liberta; el Dios que sostiene

Ya tenía más de la mitad de este escrito listo, pero adivina, no lo guardé y si, se borró. Así que aquí vamos de nuevo, toma 2.

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Una de las preguntas a las que le he buscado respuesta en mi condición de infertilidad/esterilidad y que otros con el mismo padecimiento también se hacen es:

“¿Cómo guardo el equilibro entre tener la fe de que Dios puede concederme el milagro de darme un hijo
y mantener el gozo y el contentamiento cuando la respuesta se dilata o es un no?”

Es una pregunta compleja y difícil y no hay una respuesta como es blanco o es negro, pero el domingo mientras estaba en la iglesia escuchando la prédica o sermón, al leer un texto bíblico y su relato tuve un momento “eureka” sobre este punto, que nos puede ayudar a dar respuesta a esta pregunta y que puede aplicarse a cualquier otra situación de enfermedad.

Esta historia se encuentra en el libro de Daniel capítulo 3, específicamente en los versos 17 y 18, pero antes de que leamos esos dos versos quisiera ponerte un poco en contexto. Aquí hay tres personajes principales Ananias, Misael y Azarías, mejor conocidos como Sadrac, Mesac y Abed-nego y ellos fueron llevados cautivos a Babilonia en uno de los exilios del reino de Judá. Estos luego de llegar a Babilonia fueron elegidos para trabajar junto el rey por ser hombres llenos de cualidades. El punto es, que el rey construye una estatua y emite un decreto: “todo el que vive en Babilonia debe de postrarse y adorar la estatua, y quien no se postre y adore sería lanzado al horno de fuego”. Que chulito ¿verdad? y ¿quiénes crees que no se postraron a adorar la estatua? exacto, Sadrac, Mesac y Abed-nego. Para no alargarte mucho la historia, los chismosos fueron y le contaron al rey que estos tres incumplieron el mandato, y tu supiste, el rey Nabucodonosor estaba que botaba fuego y humo y no el del horno. Al enterarse de esto los mandó a buscar y les preguntó:

¿Están dispuestos ahora, para que cuando oigan el sonido del cuerno, la flauta, la lira,
el arpa, el salterio, la gaita y toda clase de música, se postren y adoren la estatua que he hecho?
Porque si no la adoran, inmediatamente serán echados en un horno de fuego ardiente.
¿
Y qué dios será el que los libre de mis manos?».

Daniel 3:15

“Que freco” digo en mi mente como buena dominicana cada vez que leo esa última pregunta que hizo el rey Nabucodonosor. Pero si, lleno de arrogancia les dió la última advertencia, un ultimátum de que esta seria una muerte inminente, ¿quién podría sobrevivir a un horno de fuego?, pero sigamos leyendo:

Sadrac, Mesac y Abed Nego le respondieron al rey Nabucodonosor:
«No necesitamos darle una respuesta acerca de este asunto.

Daniel 3:16

¡Caramba! dije también en mi mente, ¡que osadía la de estos tres! el decir “no” era una sentencia de muerte segura. Ellos respondieron “ya dijimos que no, y no es no; no hay nada más que discutir”. Pero no solo dijeron esto, sino que en los siguientes versos podemos encontrar luz para la pregunta con la que comenzamos este escrito, leamos:

Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente.
Y de su mano, oh rey, nos librará.
Pero si no lo hace, ha de saber, oh rey,
que no serviremos a sus dioses ni adoraremos la estatua de oro que ha levantado».

Daniel 3:17-18

Entonces, donde está la respuesta a la pregunta de “¿cómo podemos tener fe en un milagro o como mantenemos el contentamiento cuando no lo recibimos?”, dejame intentar explicártelo a la luz de lo que entendí en este relato:

Primero

Estos tres creyeron en el poder y el carácter fiel del Dios al que le servían, y tu y yo también tenemos que hacerlo. Ellos declararon: “el Dios al que servimos nos puede librar del horno y de la mano del rey”. Dios es poderoso para libertarnos de cualquier situación o enfermedad y tenemos que estar convencidos de esto como ellos lo estuvieron. Pero el hecho de reconocer el poder de Dios no significa que obtendremos la respuesta que queremos nuestra oración, y si el no obtener la respuesta que esperamos nos aparta de Dios, entonces, nuestro corazón esta en el lugar equivocado. Nos estamos enfocando en querer la dádiva más que al Dador de ella, y no te sientas mal, porque yo he estado y sigo estando ahí muchas veces. Dios en su gracia y amor me alcanza y redirecciona mi mirada al lugar correcto: Él es eterno y el milagro es temporal; ¿qué me me importa más? ¿lo temporal o lo eterno?

Segundo

Luego de declarar su poder, ellos descansaron en su soberanía. Después de decir por convicción todo lo que Dios es capaz de hacer, también dijeron “pero si no nos libra” no cambiaremos de opinión porque nuestro Dios sigue siendo poderoso sea que nos libre del horno o “perezcamos” en él. Esto es confianza en la soberanía de Dios, sea que nos libre o no, vivimos para hacer su volutnad; él hará lo que es bueno para nosotros aún esto no luzca como nosotros pensamos. Lo que me recordó las palabras de Pablo:

Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia.
Filipenses 1:21

Creo que en pocas palabras ellos declararon “preferimos morir siendo fieles a Dios que vivir para hacer lo que le deshonre”. Y nuestra vida es más que un positivo de una prueba de embarazo o recibir la sanidad a una enfermedad; ¿Dios puede hacerlo? CLARO QUE SI! Él puede hacerlo sin ningún tipo de intervención humana o bien puede usar la medicina para obrar el milagro, o también ese milagro puede venir en forma de adopción, pero aún no esté en sus planes para nosotros lo anterior, él sigue siendo poderoso, soberano y sus planes buenos.

Por último

Dicho esto, ahora cuando vengan a tu cabeza las preguntas como: ¿pasará? ¿no pasará? ¿hasta cuando orar? ¿y si la respuesta de Dios es diferente a la que quiero? por mencionar algunas, recuerda a Sadrac, Mesac y Abed-nego, recuérdale a tu corazón que él tiene todo el poder y ora para que este poder se manifieste en tu vida, pero conforme a su voluntad y no a la nuestra. Ya que Dios tiene el poder de librarnos del horno de fuego o sostenernos y abrazarnos mientras nos enfrentamos a este.

Si, Dios terminó librando a estos tres de forma poderosa, para que una nación incrédula e idólatra pudiera reconocer al único Dios verdadero y digno de adoración; pero también ese mismo Dios fue quien sostuvo a Esteban mientras este moría apedreado, y dice la Escritura que el “vio a Dios en todo su poder” (Hechos 7:55), por lo que allí confirmamos que el poder de Dios no es sólo evidente cuando somos librados del sufrimiento, sino también cuando nos sostiene en medio de el.

En conclusión, reconoce a Dios, su poder y su carácter fiel y ora por ese milagro ¡él puede hacerlo!
A la vez recuerda su soberanía si el decide no darlo ¡él sigue siendo bueno!
Corre a sus brazos cuando recibes el milagro y corre a él también cuando no lo recibes, porque lo más importante aquí no es lo que Dios puede darnos, sino que le conozcamos por quien él es, le amemos y dependamos de él de forma absoluta, indistintamente su respuesta a nuestra petición sea si, no o espera.

Él es digno de toda nuestra confianza, no lo olvidemos.

Junt@s en la espera,
Lariely

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